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Download Las Puertas Templarias by Javier Sierra PDF

Posted On April 11, 2017 at 4:32 pm by / Comments Off on Download Las Puertas Templarias by Javier Sierra PDF

By Javier Sierra

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La puta de Babilonia (Spanish Edition)

Los angeles puta de Babilonia, como llamaban los albigenses a l. a. Iglesia de Roma segun los angeles expresion del Apocalipsis, saca a los angeles luz el voluminoso sumario de los crimenes perpetrados en nombre de Cristo por su Iglesia desde el ano 323 en que una de las muchas sectas cristianas de entonces, l. a. que se llamaba a si misma catolica, o sea common, se monto al carro del triunfo del emperador Constantino, un genocida, y de l. a. victima que cube que period se convirtio en victimaria.

Los Conflictos del Siglo XX: La Primera Guerra Mundial

En esta serie, conformada por seis t#237;tulos, el lector encontrar#225; los hechos hist#243;ricos m#225;s significativos del mundo contempor#225;neo desde los angeles Primera Guerra Mundial hasta nuestros d#237;as. Es esta una obra deconsulta, especialmente dise#241;ada para todos aquellos que no s#243;lo deseen conocer en detalle el desarrollo cronol#243;gico y armamentista decada uno delos conflictos, sino tambi#n, y quiz#225;s lo que es m#225;s importante a#250;n, entender las causas de estos enfrentamientos entre los distintos pueblos y Estados ysus repercusiones enla geopol#237;tica real.

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La sombra del Mal está más cerca que nunca de nosotros —sentenció el De Payns con un gesto severo, que denotaba lo delicado del momento. En realidad, leía del mensaje que acababa de recibir—. » El anuncio del caballero De Payns, como tantas otras cosas que sucedieron entonces, pronto se revelaría rigurosamente exacto. TEMPLUM DOMINI[5] La «Bestia», en efecto, se desencadenó la madrugada del 23 de diciembre del año del Señor de 1125. Pero su ira fue breve. Vayamos por partes. Antes del alba, y siguiendo las precisas instrucciones dadas por Hugo de Payns la noche precedente, los nueve de los mantos blancos se introdujeron en el recinto del Templo a través de la Puerta de los Algodoneros, abierta casi en el centro de su muro occidental.

Y qué diantres hacía allí la máxima autoridad de la estación, codo con codo con los «mortales» operarios del CNES[11]? ¿Inspeccionar por sorpresa una misión rutinaria? Témoin sacudió la cabeza, y antes de que pudiera dar marcha atrás y regresara indignado por donde había venido, meteor man —apropiado sobrenombre para un manojo de nervios como Monnerie— le detuvo en seco de un grito. Se había arrancado de cuajo micrófono y auriculares, y corría hacia él. —Mon dieu, Michel. ¿Dónde demonios se había metido usted?

Pero prefería no acordarse demasiado de ella. —Podemos reiniciar ya la cuenta atrás, señor. El operador responsable de las comunicaciones con el satélite, un clónico de Andy Warhol que estaba sentado frente a la más céntrica de las mesas de control de la sala, acababa de dar luz verde a la siguiente maniobra del ERS-1. —Gracias, Laplace —respondió alguien a sus espaldas—. ¿Está ya la antena en posición? —Lista para desplegarse, señor. Témoin palideció. Aquel segundo timbre de voz, que retumbó en el hemiciclo a través del sistema de megafonía interno, era lo último que el ingeniero jefe esperaba escuchar allá abajo.

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